11 de julio de 2010

GUAU

Difícil decidir cuál de los dos es más flaco: él o su perro. El hombre se llama Rafita. El chucho, Talego. Imposible determinar quién de ambos está más castigado por la vida. Si Rafita tiene aspecto sucio, Talego lo tiene más. Si Talego acoge pulgas, Rafita, además de acogerlas, las educa.
El miembro de la pareja que camina con dos piernas es gaditano desde siempre y vagabundo desde los 17 años. Viene a Pamplona por San Fermín a subsistir con lo que otros tiran. Rastrea cada día el tendido de sol de la Plaza de Toros al terminar la corrida, en busca de restos. El que se sujeta sobre cuatro patas también es un sin techo. Persona y animal se conocieron cuando la primera salió de la cárcel. De ahí lo de Talego. A Rafita se le conoce por aquí como un pies negros, aunque calza chancletas con calcetines.
Han matado al sexto toro de la tarde. Ha sido un torero. En cuanto abren las puertas del coso, Rafita y Talego entran corriendo a por el maná. Hay de todo. Comida variada, botellas sin vaciar, cubos de sangría, paquetes de tabaco, mecheros, condones y hasta un corazón. Parece humano. A alguien se le ha salido por la boca cantando La chica yé-yé. Late débil. Pom... pom... "¿Me atrevo?", piensa Rafita. Sí. Saca una navaja del bolsillo, la abre y se raja el pecho. Se arranca su corazón, lo tira y se coloca el que ha encontrado. Con hilos del pantalón, lo ata a venas y arterias. Por último, se quita la camiseta y tapona con ella el boquete. Pom-pom, pom-pom. El trasplante funciona. Pom-pom, pom-pom, pom-pom. Por dentro del pies negros corre sangre de mozo pamplonica. "¡San Fermín, San Fermín!", grita mientras baja a la arena, donde las peñas comienzan a formar para su salida. "¡Hoy quiero hacer barra, hoy quiero hacer barra!", proclama, a la vez que salta y se abraza a la gente. El perro le sigue. Alguien pide voluntarios para llevar la pancarta. "¡Yo, yo, yo!", se presta Rafita eufórico. Agarra uno de los palos y se pone en marcha, moviéndolo y bailando. El más casta entre los castas. Así avanza hasta que, de forma fortuita, mira hacia arriba. Se detiene.
- ¿Y esta pancarta? -, le pregunta al portador del otro palo.
- Para exigir libertad de expresión.
- Para eso, ¿negra?
- Sí...
Rafita mira a su perro.
- Pischa, ¿tú lo entiendes?
Y Talego le responde que gggrrrrrr, pero que mejor guau.

(Publicado ayer, sábado, 10 de julio de 2010, en Diario de Navarra. La fotografía es de Montxo A.G. y el que aparece en ella no es Rafita)