15 de junio de 2010

SIMULACRO

Año 2009, mes de julio, día 10. Un toro colorado de Jandilla, de 515 kilos, cubre el trazado del encierro de Pamplona dejando cuatro corneados. Uno de ellos queda tendido junto al vallado derecho en el tramo de Telefónica. Capuchino es el nombre del animal. El del herido no se sabe. Su piel avanza hacia la palidez más absoluta. Le rodean los sanitarios. Ellos le miran a él él mira a la nada. Una mano tapa el agujero que el joven tiene entre el cuello y la clavícula para que la sangre deje de brotar. Inútil. La atención es rápida y perfecta, como la evacuación, el traslado al hospital y las reanimaciones. Inútiles. El cuerpo llega exangüe, sin sangre, para terminar vacío de vida. Ambas han huido por el mismo agujero. A las 8.45 horas, la muerte. A las 12.00 horas, el mozo ya tiene nombre: Daniel Jimeno.
El próximo jueves, a las 19.00 horas, se va a celebrar entre la calle Estafeta y la Plaza de Toros pamplonesas un simulacro de encierro. Con corredores y pastores voluntarios y toros no bravos, profesionales de todos los organismos que atienden a los heridos del 7 al 14 de julio mostrarán cómo trabajan a más de mil colegas del resto de España, dentro del Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias. Se simulará un montón en el callejón del coso, ése que Daniel Jimeno atravesó tantas veces desde los 20 años y hasta que, con 27, tomó el camino de un solo sentido.
Simulacro: ficción, imitación, falsificación. Realidad: verdad, lo que ocurre verdaderamente. La frontera entre uno y otra es que en la segunda el dolor no se interpreta. Se padece. A veces, tanto que parte el alma.

(Envido publicado ayer, lunes, 14 de junio de 2010, en la sección 'Semana a la vista' de Diario de Navarra. Daniel, siempre en el recuerdo)