Su guión diario apenas variaba: llegar y pulsar on, pulsar off y marcharse. Entre una y otra pulsación, navegaba sin surcar agua. Manejaba el ratón tan rápido como tecleaba para escribir palabras. Llegó a tal grado de implicación en su labor dentro de la empresa, que era normal que los ojos se le inyectasen de sangre. En esos casos, parpadeaba para fabricarse lágrimas de alivio, pero ninguna le brotaba. Lo suyo no eran ojos, sino secarrales. Le daba igual. Casi ciego, todavía era capaz de publicar un evento, un anuncio, un tweet; retwittear el tweet de otro; aceptar la solicitud de amistad de Fulano de Tal y hasta, en un descanso, hacerse fan de Chuck Norris y recibir un pronóstico de Hemingway para los próximos Sanfermines: te tocará una muñeca chochona en la tómbola. Un día, navegaba sin barco cuando, de repente, la pantalla quedó negra. "No...", pensó. Negra como la nada. "¡No!". Pulsó off y luego on. Pulsó off. On. Off. On. Off. On. Off. On..."Se ha ido la luz", le informó una compañera. Continuó. Off. On. Off. On... Inútil. "¿Qué hacemos, hablamos de algo?", le propuso ella. Entonces, a él por fin le brotaron las lágrimas.El miércoles, a las 16.00 horas, se celebrará en el Baluarte pamplonés la primera cita del Navarra Internet Meeting, en la que representantes de Google, Tuenti y experiencias locales mostrarán las posibilidades que brinda Internet a las empresas. Posibilidades inmensas y recomendables. El futuro es un presente que incluso empieza a ser pasado. Que se suba a él todo el mundo. Eso sí: antes que cualquier red, nació el habla.
(Envido publicado hoy, lunes, 28 de junio de 2010, en la sección 'Semana a la vista' de Diario de Navarra)
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